Sri Yukteswar: El Gurú de Paramhansa Yogananda.

“¡Gurudeva!”. El divino rostro no era otro que el de mis miles de visiones. Estos serenos ojos en la leonina cabeza de barba recortada en punta y cabellos sueltos con frecuencia habían mirado escrutadoramente a través de la oscuridad de mis sueños nocturnos, sosteniendo una promesa que yo no había entendido por completo.

“¡Querido mío, has venido a mí!”. Mi gurú profería estas palabras una y otra vez en bengalí, su voz temblaba de alegría. “¡Cuántos años te he esperado!”.

Nos unimos en el silencio; las palabras parecían totalmente superfluas. La elocuencia fluía en un mudo canto del corazón del maestro al discípulo. Con una antena receptora infalible detecté que mi gurú conocía a Dios y me conduciría a Él. La oscuridad de esta vida desapareció en un débil amanecer de recuerdos prenatales. ¡El teatro del tiempo! Pasado, presente y futuro son sus escenas cíclicas. ¡Éste no era el primer sol que me encontraba a estos sagrados pies!

Con mi mano en la suya, mi gurú me condujo a su casa temporal en el sector Rana Mahal de la ciudad. Su figura atlética se movía con paso firme. Alto, erguido, de alrededor de cincuenta y cinco años, era activo y fuerte como un joven. Sus oscuros ojos eran grandes, embellecidos por una sabiduría insondable. Las ligeras ondas de su cabello suavizaban un rostro de imponente poder. La fuerza se mezclaba sutilmente con la delicadeza.

Cuando llegamos al balcón de piedra de una casa sobre el Ganges, me dijo cariñosamente:

“Te daré mis ermitas y todo lo que poseo”.

“Señor, he venido a recibir sabiduría y el contacto con Dios. ¡Esos son los tesoros que busco!”.

El rápido crepúsculo de la India había echado su medio manto antes de que mi maestro hablara de nuevo. Sus ojos contenían una ternura insondable.

“Te doy mi amor incondicional”.

¡Preciosas palabras! Transcurrió un cuarto de siglo antes de que yo tuviera otra prueba audible de su amor. Sus labios eran extraños a la pasión; el silencio se acomodaba a su corazón oceánico.

“¿Me darás el mismo amor incondicional?”. Me miro con la confianza de un niño.

“Te amaré eternamente, Gurudeva”.

Autobiografia de un Yogui- Paramhansa Yogananda